Roberto Baggio ha sido uno de los mejores futbolistas de la historia. Todo amante del fútbol recuerda la figura de Baggio, tanto por su calidad futbolística como por su coleta, que le acompañó durante toda su carrera. El italiano fue un jugador que marcó una etapa en el fútbol italiano, desde que empezó su carrera durante los inicios de los años 80, hasta su retirada en 2004. Era un segundo punta que desprendía clase, un jugador que hacía jugar a los además, con un golpeo de balón envidiable. Tenía una gran capacidad goleadora, lo que le permitió alcanzar grandes cifras. Un crack mundial, que pudo haber sido aún más grande, sino fuese por las lesiones. En su carrera disputó 660 partidos en los que marcó 314 goles, juntando su trayectoria a nivel de clubes con el conjunto nacional italiano.
Roberto Baggio nació el 18 de febrero de 1967 en la via Marconi de Caldogno. Este municipio, pertenece a la provincia de Vicenza, donde comenzaría a dar sus primeros pasos como futbolista. Con apenas 16 años debutó en Serie C, en el Vicenza, donde se convirtió en valuarte del club. En el club de su tierra natal jugó dos temporadas, donde consiguió ascender a Serie B.
Tras sus inicios en el fútbol profesional, llegó la Fiorentina, que se hizo con su pase. Al principio de su llegada, en 1985, sufrió una grave lesión de ligamentos de la rodilla, donde como confesó en 2019, pidió a su madre que acabara con su vida, debido a su frustración. En la "Squadra viola", militó 5 temporadas, donde tras dos años de adaptación, consiguió explotar, alcanzado más de 50 goles en sus tres últimas temporadas. En el Artemio Franchi, empezó a deslumbrar al mundo con su magnífica pierna derecha, prueba de ello es el gol que marcó a la Lazio de libre indirecto.
En 1990, llegó la Juventus a cambio de 10 millones de euros, siendo el fichaje más caro que se había hecho hasta la fecha. Su fichaje provocó un gran revuelo en la ciudad de Florencia, ya que perdían a su gran jugador. En su estancia en el conjunto turinés, disputó 200 partidos, donde anotó 116 goles. Esta etapa fue de gran éxito para el jugador italiano, donde consiguió ganar un "Scudetto", una Copa de Italia y la Copa de la Uefa. En 1993, consiguió ser premiado como el mejor jugador de Europa y del mundo, ganando el Balón de Oro y el Fifa World Player.
En 1995 fue de nuevo traspasado, esta vez al AC Milán, donde consiguió ganar una liga italiana, por segunda vez en su trayectoria. Su etapa por el club rossonero no fue del todo brillante. Tras dos temporadas, decidió salir traspasado al Bologna, donde se vio su renacimiento como futbolista. Allí, consiguió marcar 23 goles en 33 encuentros, lo que le permitió disputar el mundial de 1988.
En la temporada 98/99, encontró destino en el Inter de Milán. De nuevo en la ciudad de Milán, volvió a tener un paso fugaz, jugando únicamente 2 temporadas, a un nivel más bajo de sus posibilidades. Destaca en su paso por el Inter, la gran actuación que hizo frente al Real Madrid, que, saliendo desde el banquillo, consiguió hacer dos goles en un partido magistral. Esto permitió al conjunto italiano remontar.



En el año 2000, salió del Inter. Encontró al Brescia como su nuevo equipo. Disputó 4 temporadas, a un buen nivel, consiguiendo casi 50 goles. En su segunda temporada se lesionó del menisco y los ligamentos de su pierna izquierda. Finalmente, puso fin a su carrera en el 2004, en un partido entre Italia y España.
SELECCIÓN ITALIANA
Con la selección italiana hizo 27 goles en 56 partidos. En el Mundial de 1990, tuvo un rol secundario en el comienzo. Tras el pase en la fase de grupos, se hizo con un puesto en el once titular, donde consiguieron llegar a semifinales. En ellas, caerían frente a Argentina en penaltis.
Al mundial de 1994, llegó como estrella de la azzurra. Baggio tuvo un papel clave, marcando dos goles en octavos frente a Nigeria, uno gol frente a España en cuartos y dos a Bulgaria en semifinales. El conjunto italiano se plantó en la final del mundial frente a Brasil. Tras empatar a cero en el tiempo reglamentario, el partido se tuvo que decidir en penaltis. Aquí llegó, uno de los momentos claves de su carrera. A pesar de ser un magnífico lanzador de la pena máxima, erró el último y decisivo penalti de la tanda, dando la victoria a Brasil. Esto le afectó psicológicamente, ya que se le recuerda a él sólo por el fallo, aunque también fallasen Massaro y Baresi.
Disputaría su tercer mundial y último en 1998. Su temporada en Bolonia, le permitió acceder a la lista de convocados. Finalmente, Italia cayó frente a la posterior campeona, Francia.
Ya no sería convocado, ni para el Mundial de 2002 ni para la Eurocopa de 2004.






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